El fortalecimiento de la mujer rural desde el comercio justo


Comercio justo

Se considera que no siempre lo normalmente aceptado es justo, si lo hablamos en términos de desarrollo de la moral según Lawrence Kohlberg. Muchas prácticas sociales, incluyendo las prácticas comerciales, suplen las necesidades de los consumidores, pero no necesariamente la de los productores. Es justo satisfacer a la gente con productos a precios muy competitivos, precios que a veces suenan increíbles.

Sin embargo, detrás de toda esa dinámica comercial tan “benéfica”, se esconden malas condiciones para quienes se encargan de desarrollar proyectos productivos agrícolas, artesanales, etc. y es aquí donde cobra valor el concepto de comercio justo.

Al respecto, para entrar en detalle, en un taller de educación financiera en Santander, unas pequeñas agricultoras del municipio de Barichara se quejaban, porque el precio del frijol en el mercado local casi siempre es demasiado bajo, con relación al trabajo que implica sacar adelante este proyecto productivo. Dentro del mismo taller, una mujer joven, profesional universitaria en ingeniería química, quien ahora vive en el campo, comentaba que se había dedicado a la producción de chorizos elaborados con carne de cabra. Ella explicaba que la ventaja que tiene con relación a las pequeñas agricultoras, es que ella es quien le pone el precio a su producto y no debe esperar a que los intermediarios saquen ventaja.

Lo anterior pone en evidencia la necesidad del comercio justo para las pequeñas agricultoras de Barichara. De una parte, no sienten respaldo en varios aspectos, uno de esos es el mismo hecho de ser mujeres, a quienes no se les tiene en cuenta sus conocimientos agrícolas ni su capacidad para llevar a cabo proyectos productivos. Se les desconoce también su capacidad para aportar al desarrollo rural y la seguridad alimentaria del país.

El portal unwomen.org cita no tan recientemente: Se estima que si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, aumentarían el rendimiento de sus explotaciones agrícolas entre un 20 y un 30 por ciento, sacando de 100 a 150 millones de personas del hambre.

Ahora, volviendo al tema del comercio justo y su estrecha relación con las mujeres rurales, se podía concluir en el caso del taller en Barichara, que existe una necesidad de que las pequeñas agricultoras se agremien y desarrollen estrategias para que sean ellas mismas quienes cumplan con todas las tareas que implica el proyecto productivo, desde la siembra y recolección, hasta el transporte y la venta en los comercios locales y casas de mercado. El fortalecimiento de la mujer rural desde el comercio justo.

Lo anterior cobra un profundo significado si se tiene en cuenta, como mencionan en unwomen.org con motivo de la celebración del Día de la mujer rural cada 15 de octubre que, siendo una cuarta parte de la población mundial, una gran mayoría de las mujeres rurales (60%) trabaja en el sector agrícola en países en vías de desarrollo. Esto da cuenta del potencial que significa la mujer campesina en estos países, que buscan ser reconocidas no solamente desde su empoderamiento, sino también desde el comercio justo.

Con lo mencionado anteriormente, se podría considerar que la relación entre el comercio justo y las mujeres rurales pueden aportar significativamente a reducir la pobreza en los países en vías de desarrollo. De hecho, unos datos del reciente estudio desarrollado en Bangladés, para la celebración del Día mundial de la justicia social, indica que en ese país las agremiaciones femeninas han logrado trabajar en la elaboración de diferentes productos que son vendidos a precios adecuados, y así han obtenido un dinero que les ha permitido mejorar la calidad de vida de sus familias.

Por otro lado, OXFAM Intermón (ONG que trabaja en desarrollo, acción humanitaria, comercio justo y sensibilización, con el objetivo de erradicar la injusticia y la pobreza) indica que en ese país en la organización artesanal BASE, Sus trabajadores y trabajadoras, organizados en 17 grupos de producción en distintas zonas del país, obtienen una remuneración de unos 10.000 takas (unos 4,40 dólares al día), lo que les permite mantener una vida digna y que supone el doble del salario mínimo legal en el país, fijado en 5.000 takas (1,80 euros al día).

Entonces, ¿cuáles son los retos de las mujeres y de la sociedad para garantizar el comercio justo? Es quizás unas de las preguntas que resultan después del diálogo sostenido por las pequeñas agricultoras en el taller de educación financiera. De una parte, la capacidad de trabajar en agremiaciones o cooperativas. De otra, el reconocimiento del trabajo rural por parte de la sociedad en general.

Finalmente, si hablamos de qué es justo o no, también depende de un cambio de perspectiva sobre sí mismas y de la manera como gestionan con las diferentes entidades dedicadas al fortalecimiento de los proyectos agrícolas en el país, una tarea que ahora proponen las pequeñas agricultoras de Barichara en Santander.

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